El perdón permite que las heridas abiertas sanen bien, la cicatriz que nos queda es el recordatorio, la memoria del evento. Sin perdón, la herida queda abierta, en muchos individuos, por toda una vida. Esa herida abierta duele, se llena con el tiempo de porquería, de hediondez. Se infecta, y condiciona en el resto de nuestras decisiones.
La falta de perdón son como las cadenas que mantiene al humano atado al muro del dolor. El perdón nos libera de ese muro. Y aunque nos queden marcas en las muñecas y en los tobillos de esas cadenas, son solo eso, marcas, recuerdos, evidencias de que un día estuviste prisionero y hoy volamos libres. El poder del perdón es poder sanador (Del prefacio escrito por Oscar Sande, Australia).